AVISO DE UTILIDAD PÚBLICA
Adiós.
Adiós.

Bajando las escaleras de un edificio a punto de destruirse, observé el entorno, el suave movimiento de las paredes que parecían bailar una extraña danza acompañada del sonido de un terrorífico terremoto.
Las ventanas estallaron, los pedazos de vidrio caían como nieve en la sala de estar, un espectáculo único, del cual fui el único que lo apreciaba, los demás espectadores abandonaban el evento como si la vida fuese a terminar.
Al llegar finalmente al suelo, pisé algunos bultos que estorbaban el camino, creo haber pasado por encima de una señora con cabello liso y oscuro como la noche, a su lado, estaba al parecer su esposo, los escombros no me dejaban ver el color de su cabello, que es lo primero que veo en las personas, naturales o intervenidos, el cabello siempre dice algo de uno.
El tiempo en que me detuve a ver esos cuerpos en el piso, una anciana caía por las escaleras al tratar de bajar a gran velocidad. Era una verdadera danza la que realizó la señora. Mientras se golpeaba con los peldaños veía como la sangre brotaba de su cabeza y bailaba con el viento mientras cambiaba su forma. Los gritos de la vieja pasaron a otro plano, aunque ayudó a embellecer aquel capítulo de este tenebroso espectáculo.
Se desparramó en el suelo, y su cabeza ensangrentada tocó mis zapatos que había acabado de lustrar. Cuidandome de que las vigas no me golpearan, contemplé el entorno en aquella mancha de sangre de la señora. Era una obra de arte, hice todo lo posible para no ensuciar más mi zapato, el sólo color de la sangre en algo negro y brillante, me estremecía.
Se preguntarán que estaba haciendo cuando comenzó el temblor.
Miraba el paisaje de mi ciudad, siempre hago lo mismo cuando termino de pintar un cuadro. Trabajo vendiendo mis cuadros y las obras de otros amigos, me gusta ver las expresiones faciales de la gente al ver las obras que hago, y las que hacen mis amigos. Odio cuando las ven por menos de 5 segundos y dan la vuelta, a esas personas no les vendo los cuadros, les digo que los cuadros están vendidos o que se yo. Mis compañeros se enojarían si se enteraran de lo que hago, pero es algo que no soporto.
Una vez vendí un cuadro, a un enfermo terminal. Cuando murió, fui a visitar su casa, a ver el cuadro, y es como si hubiese adquirido vida propia, como si el enfermo se hubiera introducido en el cuadro. Me costó respirar cuando vi el cuadro, fue una sensación única, porque el tipo había comprado mi cuadro una semana antes de morir, por lo que en mi mente pasaban miles de razones del porqué ese tipo escogió esa pintura como la última que vería.
La pintura se llamaba “Elogio Inerte”, pinté ese cuadro cuando estaba en mi balcón, mirando hacia la calle y atropellaron a un peatón. Cuando voló por los aires fue un espectáculo aterrador, pero sorprendente, fue como si unos ángeles se lo llevaran del mundo terrenal y lo dejaran caer a medio vuelo.
Al llegar al piso la sangre se derramó en la calle, creando una especie de alfombra roja para el difunto. Fue algo conmovedor, contemplé el accidente hasta que llegó la policía, de ahí la escena había perdido peso, la multitud contemplando al cuerpo, me incomodó. Volví a mi taller y comencé a pintar con estilo “abstracto”, como lo sentencian mis amigos. El cuadro me gustó mucho por el sólo hecho de las circunstancias en las cuales se hizo.
Siempre quedará en mi imaginación el motivo por el cual el tipo escogió mi cuadro.
Vivo solo en este edificio, no converso mucho con los vecinos, salvo para hablar de mis pinturas, que siempre me encargan uno, dos cuadros. Es normal que no se metan en mi vida, yo tampoco lo hago. Básicamente porque no me interesa la versión original, prefiero especular el cómo será la vida de ellos, así hago más interesante mi día, y cuando me enteró por terceras personas sobre algunos detalles de la vida de mis vecinos, es muy gracioso saber que algunas cosas que uno especula, son ciertas. Como esa vez en que supuse que un vecino de unos 80 años aproximadamente, se juntaba con la vecina del 36 , solamente para comer desnudos, una extravagancia que fue descubierto por la hija del anciano. El grito de asombro se escuchó en todo el edificio.
Como les contaba, estaba mirando en mi balcón, como todos los días, hasta que comenzó a temblar, los cuadros comenzaron a caerse, pero no hice nada al respecto, dejé que cayeran, para ver después el resultado. En la calle, unos autos habían chocado, el del auto rojo no reaccionaba, mientras que el otro conductor escapó y corrió como condenado.
Tal fue el efecto del temblor que todos se olvidaron de lo que hacían y corrieron en distintas direcciones a una gran velocidad. Me percaté que habían atropellado a un transeúnte que corrió despavorido por el temblor y un camión lo arrolló.
La intensidad del temblor creció hasta transformarse en terremoto, algunas partes de mi balcón comenzaron a desmoronarse, llegué a mi taller solamente para saber como habían caído mis cuadros, era una imagen muy potente, pero no podía quedarme mucho tiempo, el suelo comenzó a bailar y no podía estar estable.
Al salir de mi habitación, los vecinos corrían por todos lados, con lámparas extrañas en los brazos y otros objetos, con la intención de salvar algo de sus pertenencias.
Era el único que caminaba en ese edificio, un vecino gritó que moriríamos. “Vaya novedad, todos moriremos algún día”, le dije. Me miró extrañado y siguió corriendo. A veces mi humor no es muy bien recibido.
Al salir del edificio, la calle parecía tener oleaje, unas ondas inmensas se formaban, derribando automóviles y transeúntes, incluso yo caí. Recibí un golpe en la cabeza, pero creo que no sangré.
Mi zapato seguía intacto, con la mancha de sangre reluciendo. Me tranquilicé un poco al ver eso.
Caminé como pude hasta llegar al centro de una plaza. Vi como varias viviendas se derrumbaban, bailando y desnudándose mostrando su débil estructura, mientras los usuarios salían de las ventanas como si el edificio sangrara.
Un vecino llorando me comentaba que el edificio donde vivía, se había destruido completamente, era primera vez que ese tipo se acercaba a hablarme. Extrañas circunstancias provocan que la gente te tome en cuenta.
Le dije que era pintor y que mis cuadros probablemente estaban destruidos en el edificio. Él me decia que toda su vida estaba en aquel edificio.
Ahí pasó todas sus alegrías y sus penas.
Habían llegado los bomberos al lugar. Mucha gente llorando alrededor de los escombros, me acerqué para ver el desastre. Pude ver que habían algunas de mis cosas, unos cuantos tubos de óleo y unos pinceles, y ahí estaban los cuadros, todos destrozados, no había ninguno en buen estado, salvo uno, que estaba sin usar, pero producto del desastre, se había creado una extraña forma en el cuadro, mezcla de otros cuadros y tubos reventados de óleo. Lo guardé , aunque un bombero me regañó para que dejara todo en su lugar. Una vecina entre lágrimas me defendió ´confirmando que yo también vivía en aquel edificio.
Aún recuerdo aquel hecho, esa situación fue la que creó mi más preciado cuadro, que actualmente está en un conocido museo de la ciudad. Nadie sabe las circunstancias en que fue pintado ese cuadro, si supieran nosé que reacción tendrían al respecto, y tampoco sabría si ese cuadro seguiría estando en el museo. La belleza que ven ellos en ese cuadro nosé a que se deberá, pero yo tengo mis teorías.
***Un cuento de Jorge Ibarra Sepúlveda***
De pronto, todo se detuvo, el agujero dejó de funcionar, miré a mi alrededor y todo estaba destruido, casas, hospitales, edificios, solamente los animales callejeros que rondaban la cuadra.
En una esquina, estaba mi piano, debió arrastrarse a causa de aquel fenómeno.
Traje una silla, que estaba casi despedazada, y me senté junto al piano.
Ni una brisa acompañaba el silencio, sólo era yo, y mi piano, podía ver a kilómetros, y ni un alma que emitiera sonido alguno.
Miré hacia el agujero y ahí estaban todos, vagando en medio de un universo paralelo, parecía una danza, los contemplaba y no sentía ganas de estar danzando con ellos, en medio de todo.
Sólo sentía la necesidad de darles música a su danza.
Comencé improvisando un vals, y de a poco comenzó a tomar forma el universo, el piano con el cual tocaba comenzó con un desgloce, al igual que las partes de mi cuerpo, que sin embargo no se despegaban del piano, permitiendo dejar tocando mi música, formando parte de aquellas nubes que acababan de irse a otra dimensión, pintando el cielo de un tono agridulce, poniendose acorde al espectáculo que formaba aquel extraño universo.
Con una melodía que si bien no fué la causa de la destrucción de mi mundo, sí fue la banda sonora de la ausencia de éste.
***Un cuento de Jorge Ibarra Sepúlveda***
Un vuelo nocturno de una mosca sin orientación que rodea un cuerpo ensangrentado y podrido. A su lado, un tipo limpia unos cuchillos carniceros con su lengua.
- ¡No me gusta ensuciar los cubiertos! - grita - ¡todo por tu culpa, imbécil!
Se para repentinamente y patea el cadáver sin parar. Toma uno de sus cuchillos y vuelve a ocuparlos contra el cuerpo. Un sonido grotesco y horroroso invade el oscuro cuarto, mientras la mosca baila al compás de cada apuñalada.
El sudor del tipo cae sobre la carne podrida y esquiva la mirada. Ve por la ventana más cercana y contempla la luna que se viste con seda melancólica. Sensualmente hace mover su vestido y tienta al espectador asesino a ir en su búsqueda.
- ¡No digas nada sobre esto!, ¡tú no viste nada!, ¿me escuchaste?, ¡nada!
Desaparece entre sombras y hace sonar un baúl. De pronto aparece con un machete que generalmente ocupaba para hacer su trabajo. Esta vez lo ocupara de forma distinta.
Una silueta perturbadora sale de la vieja casona, con una bolsa negra que gotea un líquido rojo que pinta los callejones de horror. Las asquerosoas moscas forman una capa flameante que adorna el cuerpo del asesino, honrando de alguna forma a su proveedor de alimentos rancios. En plena oscuridad nadie puede ver a semejante criatura perversa que como San Nicolás, lleva una bolsa llena de regalos y recuerdos.
Se pasea al frente de una tienda de abarrotes, está cerrada, pero se detiene a mirar su cara llena de sangre y sudor.
Deja la bolsa a un lado y va a una poza formada por pretuberancias que dan cuenta del mal estado de las calles. Se lava el rostro con la poca agua que llenaba el agujero después de una lluvia intensa, no le da asco la sangre, que fluya entre sus dedos, es como agua, pero más espesa y asquerosa.
Mira en algunas direcciones para ver si alguien lo sigue, deja un suspiro en el aire y vuelve a donde habia quedado, pero hay un problema… el cuerpo no está.
- ¿Que significa esto?, ¡tú, ingrata perra, me lo robaste! - apunta hacia la luna - ¡Eso no se vale, yo lo hice, no tú!
La mente comienza a producir un sonido espeluznante que lo voltea hacia el piso, que comienza a moverse con vida propia y comienza atraparlo, la poza con sangre comienza a subir por su cabeza, ahogándolo, pero una luz de un espectro lo protege y salta hacia un costado.
- ¡Debo largarme de aqui!, debo encontrar al cuerpo.
Retrocede a la vieja casona y la puerta está abierta, un poco miedoso sube lentamente por las escaleras que crugen a cada paso que da. Abre la puerta del atico, y ahí está el cuerpo, jugando con él.
-¿Que hago yo ahi?, ¿no deberias estar en mí?
- Aparentemente, pero me quedé jugando con él al policía y al ladrón, y ya lo maté. Es nuestro juego favorito.
- ¡Eres un tonto!, me lo voy a llevar, él ya no puede jugar contigo, digo, conmigo.
- Tú me conoces bien, déjalo aqui, no se puede ir… es una casa muy grande para nosotros dos.
- ¡No hay dos, sólo soy yo, tú eres yo!, y no me hables más, se supone que te había dejado encerrado en el baño.
- Me escapé hace tiempo, vi como este sujeto te insultaba en el trabajo, alguien debia hacer algo.
- ¡Y lo hice!
- Claro que no, yo lo hice, tú no tienes agallas suficientes, tú sólo recibes ordenes, como las de este tipo. Te dejas humillar muy fácil.
- Yo hice esto, no tú.
- Tú solamente te quieres deshacer de el cuerpo, yo lo quiero como un trofeo a la dignidad, un trofeo un poco apestoso, pero un trofeo.
- ¡Cállate!
- No… ya tuve suficiente, ya tuve suficiente de tí y de tus estupideces, no aprovechas tu potencial.
-¿Y que harás al respecto?, no podemos perder el tiempo, deja llevarme al cuerpo y después solucionamos esto.
- Creo que…no.
Una vigorosa silueta sale de la casona, cargando una bolsa negra, sus manos están ensangrentadas , pero su rostro sigue intacto. Le cuesta llevar la bolsa, pero lo disimula con una sonrisa tenebrosa.
Prende una pequeña fogata y el olor a carne podrida atrae a unos cuantos cuervos y unos mendigos.
- ¿Que estás cocinando? - pregunta un vago con aliento a cerveza.
- Un plato especial, en mi casa antes lo comíamos con unas cuantas cebollas al jugo, pero habia un problema, uno queria a la presa como trofeo y otro la quería esconder, ¿lo puedes creer?, tuve que matar a los dos hijos de puta y decidir,¿que hago con el cuerpo?, hay que ser democrático a veces, este plato, amigo, es un verdadero trofeo, pero no puede durar mucho, porque sino, ya no tiene precio, lo importante es el ahora, asi que es mejor guardarlo, y que mejor forma que comiendo este delicioso plato.
- ¡Caray amigo, estás loco!
- Claro que estoy loco, y es porque estamos en un mundo loco, si no fuese así, tu tampoco estarías aquí…¿Quieres probar un poco del plato?, la carne está en su punto.
***Un cuento de Jorge Ibarra Sepúlveda***
Tenemos la habilidad de poder saber su historial, eso nos facilita mucho el trabajo.
Nos han proporcionado la capacidad de no sentir emociones hacia la persona elegida, en otras palabras, está prohibido establecer un tipo de contacto con los seres humanos, la mayoría que lo ha intentado desaparece al tiempo después.
He mandado a demasiadas personas como para recordar el número exacto, pero les puedo asegurar que esa cifra esta más allá de su imaginación. Nuestro trabajo es fácil, analizamos a la persona y en el momento que uno encuentre apropiado arrojamos unos destellos que poseemos, que hemos sacado de la persona, sus recuerdos, los ponemos como una serie de imágenes que parpadean sin cesar por las pupilas de los escogidos, es una proyección de su vida en un pequeño instante, debemos hacer esto para seguir con nuestro trabajo, ya que los recuerdos pesan mucho y dificultan cuando uno quiere emprender el vuelo.
Después es sencillo, tomamos la mano de la persona y la llevamos al lugar correspondiente, varios tienen una fuerza de resistencia muy considerable, pero las engañamos proyectando imágenes de seres queridos, llamándolos. Hay varios intentos fallidos, y eso es por causa del celestial a cargo del trabajo, varios se encariñan con la persona escogida, y deciden devolverla al cuerpo, esto provoca un desequilibrio y el celestial es eliminado por no continuar con el equilibrio.
He visto con gran paciencia, como los llamados “doctores” tratan de devolver el alma al cuerpo, con esas extrañas máquinas, eso no depende de ellos, pero genera una presión inmensa, a tal punto que varios celestiales no aguantan la presión del ambiente, ¿resultado?, el alma sigue en el cuerpo, y un nuevo celestial aparece para retomar el trabajo.
Existen otros seres que aparecen con frecuencia, son celestiales que vagan por el mundo, tratando de “ayudar” a las personas, salvándolas de accidentes, bastante molestia nos provocan los encuentros con estos seres, pero vuelan tan rápido que no podemos alcanzarlos.
Este día me toca un nuevo trabajo, en el sur.
Volé a gran velocidad, entre distintas sombras y cuerpos congelados, hasta llegar a una casa modesta, con poco patio , pero bien adornado. La primera persona que veo es una señora de edad que sale de la entrada con bolsas de basura, pasa através de mí, obviamente no siente mi presencia. Les contaré brevemente que los celestiales cuando quieren tener presencia, lo pueden hacer, los celestiales son los que dan el paso. Y respecto a los típicos rumores que se dicen, nadie nos puede ver si nosotros no queremos, ni siquiera los niños.
La señora dejaba las bolsas, que por cierto, tenían un olor asqueroso. Al regresar a la casa, se sienten voces, apuro el paso hasta llegar a una sala de recepción mediana, con unos gatos corriendo por todas partes, están jugando con un niño de poco menos de 5 años, pasa através de mí como si nada, da un pequeño cosquilleo, pero es lo habitual.
La persona escogida no estaba ahí, podía sentir que estaba en una habitación , encerrada, se escuchaba música a un nivel bajo.
**** Cuento sin terminar de Jorge Ibarra Sepúlveda*****
Los pasos se hacen cada vez más pesados y el camino comienza a abrirse de forma extraña, unos rastros de la persona sin alma comienzan a empañar el camino y hacerme el trabajo más difícil.
Falta poco para terminar el trabajo y no ha pasado nada nuevo que contar a las futuras generaciones que en algún lugar me miran con desdicha.
Todo me dice que nada cambiará mi mundo, y no le encuentro sentido, aunque razón tenga.
Unas rocas comienzan a golpearme en la espalda, tratando de deshidratarme. Manchas rojas comienzan a impregnarse en mis pies y nuevamente el camino se hace más pesado.
Después de viajar por más de 40 años años de reflexión, en una máquina llena de bultos, llego finalmente a mi hogar.
Me adentro entre los arbustos y paredes rugosas cubiertas de soledad y descanso en mi aposento.
Coloco música de santos perdidos y recordados, tratando de que canten algo acorde al tono de mi voz melancólica.
De pronto una voz me habla. Un suave sonido estremece la habitación, los árboles comienzan a apartarse para que contemple aquella voz que se dirige a mí con un poco de timidez. Sin razón aparente , aquella voz femenina, comienza a agradarme, y comienzo a preguntarle distintos versos que compongan una melodía, y ella responde bien.
Una gran sinfonía se compone en aquel entonces, de contramelodías y acordes psicodélicos, pero que sin embargo tienen una línea clara y difusa al mismo tiempo.
La voz provenía de un cielo estrellado proveniente de una galaxia del norte.
Para mi fortuna, aquella voz iba a aterrizar a unos 20 años luz de distancia de la galaxia sur. Era mi oportunidad de emprender el viaje para encontrarme a la autora de la voz que logró realizar la más grande de las sinfonías junto a mi tosca voz.
Acordamos juntarnos en la galaxia sur, a un lado de los parques nublados. Todos conocían aquel lugar.
Antes de que se fuera, cantamos una última pieza, los árboles acompañaron la melodía y mientras ella se alejaba, una silueta de lo que parecía ser su forma física, hizo presencia como un tornado medio, arrojando la mayoría de las hojas de mis árboles, cambiando de estación el ambiente que tenía en mi aposento.
Recordé fugazmente a aquella alma que vagaba por los laberintos del sótano, seguía alborotando y haciendo ruidos horribles.
Era el momento de enfrentar a aquel vulgar alma, la ataqué con los brazos desnudos, ella comenzó a desarrollar un fuerte artilugio que atacaba principalmente mi cabeza. Unas ramas comenzaron a salir desde las profundidades y amarraron mis pies. La sangre se desparramó por todo el piso, ella sacó sus brazos y me los extendió, ofreciendome una justa rendición, pero aquella monstruosa criatura, debería morir, bastante daño había causado, bastantes jugarretas había realizado, debía largarse para siempre, interrumpía constantemente en mi trabajo, incluso llegué a pensar que era ella quien me cerraba las puertas una vez que terminaba mi trabajo.
Con mis manos pude cortar las asquerosas ramas que ataban mis pies, al ver esto, ella escondió sus brazos y lentamente comenzó a esfumarse por el laberinto, no despegaba su mirada ni por un instante, hasta que la oscuridad hizo lo suyo.
Estaba sangrando, y con las pocas fuerzas que me quedaban logré llegar al manantial que baña los árboles de mi reino. La sangre comenzaba a manchar a los árboles, pero éstos son duros y saludables y al parecer la sangre no les afectaba. Las hojas que hace unos momentos se habían elevado por aquella voz comenzaron a nadar sobre el río rojo, y en mi desesperación, logré llegar a las hojas y sacarlas, para que no perdieran su belleza.
Al perder todas mis fuerzas quedé completamente inmóvil, los árboles se compadecieron y extendieron sus brazos y me elevaron a una corona de hojas silvestres para que reposara de mi cruda batalla.
Desperté en medio de unos troncos caídos que habían caído de forma misteriosa.
Una psicodélica melodía invadió la arboleda, me avisaba que era tiempo de volver al trabajo.
Tomé unas bolsas de piel y me armé de la poca fuerza que me quedaba, la noche no fue suficiente para reanimarme.
Entre los bultos nada era alegría, no había vida por donde mirara. Los cuarenta años se me hicieron eternos, caminé entre los bultos, algunos emitían ruidos, pero no decían palabras claras. Estaban muertos.
Antes de abandonar la máquina, mi pie quedó atascado entre unos bultos, y mi piel comenzó a cambiar de pigmentación, por poco quedo atrapado en esa máquina infernal.
Las puertas seguían cerradas, y el cielo seguía nublado.
Unos ruidos que trataban ser canciones me rodeaban, pero no lograba ver bien los acordes como para poder crear algo armónico. Hasta que una preciosa melodía se escuchó a lo lejos. Creo que fui el único que escuchó la melodía, pues nadie me siguió cuando abandoné el trabajo. Dejé las llaves de la realidad a un lado, que de poco sirven, y tomé la nube más cercana y pedí que me llevara hacia esa bella música, para averiguar el origen.
Un gran destello resplandecía a años luz de distancia, y sólo podía pensar en aquella maravillosa voz que logró crear una fantástica sinfonía, aquella noche.
Cada vez que la melodía cambiaba de ritmo, el destello era más intenso, me cegó por varios minutos. La nube comenzó a tomar velocidad propia y sin darme cuenta ya estabamos al centro del destello. No se podía ver claramente el origen, así que salté como pude y caí en un césped que se movía al compás de la canción que una silueta entonaba. Traté de correr, pero el césped dificultaba mi paso. Antes de llegar directamente a la silueta, unos ojos oscuros aparecieron, destacandose por sobre el destello. Poco a poco comenzó a tomar forma, y una figura delgada y frágil se mostró.
Me cantó un verso para ver mi capacidad de crear melodía, le respondí con la poca destreza que tuve en aquel entonces, pues el césped comenzaba a arrastrarme en otra dirección, le pregunté el porqué la reacción del césped, pero ella rió y volvió a cantar.
Cuando comenzó a cantar el destello había desaparecido y pude contemplar el escenario en el cual se desarrollaba todo. Ella estaba junto a unas estatuas de mármol, de fondo, un gran campo sin flores la adornaba, no se necesitaban flores si ella estaba ahí, cantando.
Estaba maravillado por aquel espectáculo, era el único espectador y me sentí afortunado al poder tener el privilegio de tener a una gran artista ante mis ojos.
Mis pies dejaron de sangrar de forma repentina, y ella lanzó un suspiro que recorrió todo mi cuerpo, sanandolo por completo de la batalla que había tenido hace bastante tiempo, pero que sin embargo sus heridas eran demasiado profundas como para sanar en 100 años.
Le pregunté cómo ella podía tener tanto poder, ella dejó de cantar y respondió que no tenía poder alguno, no podía comprender lo que me decía, en un instante, ella abandonó las estatuas y emprendió su viaje de regreso.
Comprendí que había llegado sin darme cuenta a los parques nublados, y que mi encuentro había sido con la misma voz que entró en mis aposentos. Sin duda era ella, y comencé a sentirme nervioso, necesitaba escuchar esas melodías nuevamente, no soporto el silencio, y menos cuando la música que puede romperlo es tan deliciosa.
Comencé mi búsqueda por los alrededores, me subí a cuanta nube se me interponía en mi camino, debo reconocer que las nubes comenzaban a agradarme, y disfruté el correr sobre ellas.
Lamentablemente no encontré a la autora de las hermosas melodías. Sabía que la encontraría en alguna parte, pero debía ser prudente y esperar el momento indicado.
Al regresar al trabajo, me dirigí a las puertas, y decidí no utilizar ninguna llave que ponían en el mostrador, esta vez ocupé las manos desnudas, sabiendo de un probable fracaso, pero para mi asombro, la puerta se abrió, y al entrar llegué a un jardín que nunca había visto, un buen aroma emanaba de un camino de flores rojas, acompañadas por unos petalos amarillos que se movían por el suave viento.
Al final del camino, una silueta estaba esperandome, era el mismo destello que hace varios años me cegó, esta vez pasó lo mismo, pero el césped no logró detenerme, corrí tan rápido que comencé a volar entre los pétalos, hasta llegar a la silueta, que no era nadie más que ella.
- Te encontré
- ¿Que quieres?
- Componer la sinfonía más bella que se haya escuchado en años.
- ¿Y para que necesitas mi ayuda?
- Porque siento que si tu no ayudas a componerla, no será una sinfonía bella.
- Pero si ni siquera sabes mi forma de componer música.
- Tengo toda una vida disponible para saberlo.
FIN
***Un cuento de Jorge Ibarra Sepúlveda***
Era el sonido que avisaba que la señora Flores, habìa despertado.
La señora Flores vivía en la casa de la esquina, la mayoría de los vecinos, la llamaban “la loquera del diablo”, o simplemente “la bruja” , debido a su aspecto terrorífico. Vive sola desde que tengo uso de razón, el cómo llegó al vecindario es un misterio, rara vez sale de su casa, lo hace cada fin de mes, donde se dirige a un almacén cercano, pero siempre tarda horas en llegar, hay distintas versiones de lo que hace cada fin de mes, unos dicen que va en busca de distintas especies para realizar fórmulas que le permitan hablar con el mismísimo diablo, también dicen los rumores que va en busca de almas perdidas que vagan en el vecindario .
La bruja usa un largo vestido negro que le tapaba los pies, una bufanda gris cubría la mayor parte de su rostro, mi mamá decía que hace varios años un gran incendio casi destruye su hogar, pero antes de que llegaran los bomberos, el incendio se apagó rápidamente, se dice que fue la propia señora quien apagó el incendio. Mis amigos dicen que hizo un pacto con el diablo y que gracias a eso, salvó su hogar. Claro que lo que no logró salvar, fue su rostro. Quedó aparentemente deformado. No lo puedo comprobar, ya que nunca le he visto el rostro, solamente los ojos, y créanme que mejor no los hubiera visto, con una mirada de esa señora, es suficiente como para dejarte con pesadillas durante dos semanas, incluso 4, si eres miedoso.
Se decía que si te quedabas mirando por más de cinco segundos a los ojos a la señora Flores, ibas a morir en cinco años más. Todos son mitos estúpidos que inventan mis amigos, algunos culpan de este mito a la trágica muerte que tuvo Don Simón, el vecino de la bruja, quien después de tener una charla con ella, a los cinco años murió en el patio de su casa de forma misteriosa. Don Simón es el único que ha hablado con ella en años, generalmente los vecinos tratan de no hablar con la señora, ya que varios le temen por su aspecto desagradable y por el hecho de que vive con ratas desde hace años, nadie hace nada al respecto, ya que las ratas no pasan el perímetro del hogar de la señora, al parecer, era como una verdadera guarida.
La casa era realmente una monstruosidad, si bien es cierto, era vieja al lado de las otras casas, tenía un encanto especial, se parece a esas casas que salen en las tapas de galletas de chocolate que compramos en el local de la señora Lupita, con grandes ventanales en el segundo piso, un gran patio con tenebrosos árboles, tapaban por completo el acceso de la casa, lo único que se podía divisar desde la distancia era una antigua silla mecedora que estaba al lado de una ventana quebrada.
Siete pelotas han caído en ese frondoso patio de la loquera, nadie ha sido capaz de siquiera llamar por las pelotas perdidas, o llamar a la dueña de la casa. Varios han intentado de convencer a los adultos de que se entren en el patio y saquen los balones, pero siempre es la excusa de la falta de tiempo, todos los adultos tienen algo que hacer, o “no tienen tiempo para niñerías”.
Debo asumir también la culpa de no quere entrar a un simple patio, pero es que tanto escuchar historias de la bruja, tantos mitos, que a veces llegas a dudar.
Todo ocurrió un día Jueves, estábamos jugando a la pelota , cuando el Juanete llegó corriendo con un sobre en la mano.
- ¡No van a creer lo que tengo en la mano!
- Si no lo dices, claro que no.
- Es una carta dirigida a la bruja, pero accidentalmente llegó a los pies de mi casa, mi mamá dijo que debo enviarla.
- Tu mamá debe estar loca si cree que alguien va a entrar a esa casa - dijo el tongua.
- ¿Que no lo ven? - decía Juanete - Es nuestra oportunidad de entrar a la casa de esa bruja. Si ella nos pillara adentro, tenemos la excusa de querer dejarle una carta que llegó por equivocación a mi casa.
- Es una idea estúpida, lo más seguro es que te vea y te mire a los ojos y mueras cinco años después. - advertía el hermano menor del tongua.
Un silencio absoluto se apoderó del lugar. Todos sabían el riesgo que se corría. La señora Flores había ido de compras hace horas, y era la única oportunidad de entrar a la extraña casa y descubrir lo que había adentro.
- Escucha - dije - yo voy a ir a pasarle esa carta a la señora Flores, si alguien quiere acompañarme, es su tiempo.
- Yo te acompaño - dijo Juanete - siempre he querido ir a esa misteriosa casa, además el sobre llegó a mi casa, así que debo estar allí por si llega la bruja y darle la explicación, a tí no te va a creer y seguramente te matará. Perdona que sea tan directo, pero es la realidad.
- Me parece bien - afirmé - ¿Alguien más desea acompañarnos?
Se miraron entre sí, pero nadie atinó a responder.
- Entonces - sentencié - ustedes nos avisaran cuando se acerque la loquera del diablo.
- ¡Eso puedo hacerlo! - gritó el tongua entusiasmado - ¡tienen que revisar toda la casa para que nos cuenten como es!
- Se lo diremos todo, ahora vayan a revisar que la bruja no se acerque, nosotros iremos a la vieja casa ,trepando por el árbol de atrás - les decía mientras me alejaba corriendo en dirección al árbol señalado.
Mientras trepábamos el árbol, podíamos divisar gran parte de la casa de la bruja, sin duda era de madera, pintada de blanco, bueno, algo seguía pintado de blanco, las ventanas no tenían cortinas, pero estaban tan sucias que no podíamos divisar lo que había en el interior. El primero en pisar el césped de la bruja fue Juanete, quien después de dar dos pasos espantó a un par de ratones que corrieron de un rincón de la esquina de la casa.
- ¡Apúrate po’ Marioneta! - susurró Juanete.
Me llaman Marioneta porque dicen que tengo cara de títere y además acompaña a mi nombre, Mario. Una vez le rompí la nariz al primo de Juanete, el Bolilla, el responsable del sobrenombre, pero después lo tomé con buen humor, claro que la nariz desviada del primo no lo tomó de buen humor.
Al llegar a una de las ventanas que por suerte estaba abierta, nos llamó la atención un viejo sauce que adornaba todo el patio trasero. Los árboles que perimetraban el sector de la loquera del diablo, no nos dejaban divisarlo, era inmenso y transmitía una gran tristeza.
Fui el primero en entrar a la casa. Apenas apoyé un pie en el piso, crujió todo la casa y otras ratas corrieron despavoridas por todo el salón principal. Era un gran salón, las cortinas estaban en el piso, llenas de ratas que comían al parecer restos de pan, habían grandes cantidades de periódicos desparramados por el piso, y al medio del salón, un gran piano sin uso se posaba imponentemente, un gran piano de cola, el asiento para el pianista estaba despedazado, las pocas partituras que habían, estaban sobre las teclas, manchadas al parecer con tinta negra.
Juanete iba a tocar una tecla, pero lo detuve, no sabíamos si la bruja tenía unos perros u otras mascotas que delataran nuestra presencia.
Al pasar al comedor, una gran mesa con una capacidad fácilmente para 12 personas, ocupaba todo el espacio, las sillas estaban cubiertas con telarañas, yo conté 6 sillas buenas y 3 quebradas y desparramadas por el piso. En el centro de la mesa un horrible florero trataba de adornar la mesa, con unas flores podridas de extraña procedencia, un mueble al parecer para los cubiertos, estaba todo rasgado, estaba vacío, sólo con pedazos de platos de porcelana.
Tratamos de ver si había alguna foto que mostrara a la bruja cuando joven, para poder ver su rostro, pero no encontramos nada, ninguna fotografía, lo único que encontramos eran cuadros quebrados, pero sin fotos.
El ambiente de la casa era asqueroso, varias veces me dieron ganas de vomitar, pero no podíamos hacerlo, si eso ocurriera, estaríamos muertos.
Juanete encontró la escalera que nos llevaba a un segundo piso. Habían 3 habitaciones, una estaba cerrada con llave, las otras dos, al parecer habían pertenecido a unos niños, ¿hijos de la bruja?, Juanete dijo que era imposible ya que las brujas no pueden tener hijos, sólo demonios. No quería discutir estupideces con él, teníamos que revisar toda la casa para salir de dudas, por lo menos yo, de que la bruja a fin de cuentas, no tenía nada de bruja, pero sí de loquera.
- ¡Marioneta, ven aquí!
- ¿Que sucede?
- Mira lo que encontré debajo de esta cama.
Juanete tenía en su mano lo que parecía una pipa con un runas de oro.
- Es espectacular, pero debes dejarla, o la bruja sospechará.
- No creo que la bruja haya visitado esta pieza en años, mira como está.
- Yo no me la llevaría, debe ser de la bruja.
- Tú me has dicho que no crees en eso de las brujas.
- No he dicho eso, he dicho que…
En ese momento se escuchó un grito que provenía del exterior.
- ¡Ése es el tongua! - exclamó Juanete - debemos largarnos de aquí.
Con toda la adrenalina que tenía en el cuerpo, no pude decirle a Juanete que lanzara la pipa, estaba demasiado ocupado tratando de salir de la casa de la bruja.
Fui el último en trepar el árbol, me raspé los codos y caí como saco de papa en el césped del vecino.
- ¡Vámonos de aquí! - gritó Juanete.
- ¿Entregaste el sobre?
- Lo lancé desde un principio, cuando tú todavía no te decidías bajar. Cobarde, jajajajaja.
- No soy cobarde, y si me dices eso de nuevo, te rajo la cara.
- Era una broma, Mario. Tómalo con calma. Mira, ahí viene corriendo el tongua y los demás.
Muy detrás de ellos, se veía una oscura silueta, era sin duda la bruja, llevaba unas bolsas llenas de provisiones.
- Ya se fue la bruja, ahora digan, ¿que vieron? - preguntó un tanto exaltado, el tongua.
- Yo conseguí esta pipa, tiene unas marcas doradas y ahora es mía - dijo Juanete - la hallé en una pieza de la bruja, estaba botada, no lo notará
Todos quedaron pasmados por la osadía de Juanete, debo reconocer que la pipa era bastante buena. Después pidieron mi opinión.
- Es una vieja loca, no tiene nada de bruja - dije - su casa está echa un asco, sobre todo el segundo piso, le falta un gran aseo - señalé el segundo piso, y en una esquina de la ventana de la habitación a la cual no podíamos entrar, unos ojos rojos se posaban mirándonos fijamente.
- ¡Mierda! - grité - ¡Alguien estaba en el segundo piso, estamos fritos!
- ¿Que dices? - Juanete giró para mirar la vieja casa, pero los ojos ya no estaban.
Comencé a sentirme mareado y finalmente les dije que era broma, para que no me dijeran loco.
No pude dormir en toda la noche, esos ojos rojos seguían en mi retina, no podía olvidarlos, de hecho se me pasó por la mente que era la mirada de la bruja, pero era imposible, la bruja recién había llegado a la casa cuando estaba señalando el segundo piso, con la velocidad que tiene esa señora, era impensado que llegase al segundo piso en tan poco tiempo. También me puse a pensar en aquel viejo piano que si se usara, de seguro se escucharía ahora mismo.
Lo que me tenía más nervioso, era el hecho de lo que había visto en aquella pieza, ¿porque estaba cerrada?, ¿que escondía la bruja en esa pieza?
No me pude conformar con la hipótesis de que sólo era una vieja loca.
Al día siguiente nos juntamos nuevamente a jugar a la pelota, Juanete llegó atrasado al partido, tenía un aspecto muy extraño, estaba muy callado, cosa rara en él.
- ¿Que te sucede Juanete? - pregunté
- Me quitaron la pipa.
Todos paramos de jugar, para escuchar la historia de Juanete.
- Estaba regando el cesped de mi patio trasero, mientras jugaba con mi pipa, hasta que escuché unos ruidos en los arbustos, me asusté mucho, llamé a mi papá, pero recordé que ninguno de mis padres estaba en casa en ese momento, de pronto, un tipo salió de los arbustos, era más bajo que yo, tenía cabello largo, era más narigón que tú, Bolilla, tenía más edad que mis dos abuelos juntos, y tenía orejas raras.
- ¿No saliste corriendo?
- Claro que no, no podía mostrarle que tenía miedo, además no se veía amenazante.
- ¿Te dijo algo?
- Sí, dijo que esa pipa no me pertenecía, que era de su propiedad.
- Es imposible, le pertenece a la vieja, ¿no le dijiste?
- Claro que si, pero me dijo que él era bien amigo de la señora Flores, y que él vió cuando nosotros entramos a la casa, y que si no le devolvía la pipa, nos iba a acusar. No tuve otra opción.
- ¿No le preguntaste como se llamaba? - preguntó el tongua
- No se me ocurrió. Preguntó si conocía a alguna chica.
- Que tipo más raro, ¿que le dijiste?
- Que no, solamente a la hermana de Marioneta, es la única chica del vecindario.
- ¿Le nombraste a mi hermano, animal? - lo derribé con un golpe, lo iba a seguir pateando hasta que los demás me detuvieron.
- Oye, no hay nada malo, dice que él tiene varios juguetes que usaban sus hijas y que ya no sabe que hacer con ellos, porque sus hijas se fueron, entonces quiere regalarlos.
- Eso se oye bien - dije un poco más calmado - ¿vive con la bruja?
- Eso creo, al parecer es el esposo, yo creo que no sale a la calle por su aspecto, es muy raro.
- Está bien, dile que aceptaré esos regalos, pero él no va a ver a mi hermana, yo seré quien le lleve los regalos, y que me los pase en presencia de todos nosotros.
- ¿Nosotros? - exclamó el Bolilla - Estás loco, es tu problema
- Está bien, pero entonces tú debes estar, Juanete, así no habrá problemas.
- Está bien, ese viejito no hace nada, se ve muy débil, si trata de hacer algo, le pegamos entre los dos.
- Así se habla amigo, hablemos entonces con él mañana.
- Como tu digas, le diré.
- ¿Y como le vas a decir?
- Dijo que me iba a visitar en la noche, en mi patio trasero.
- Entonces estaré ahí también, quiero verlo.
***Aldbruck - primera parte - Jorge Ibarra Sepúlveda***
- No recuerdo haber causado dolor,¿me entiendes?, quiero decir, todos estaban durmiendo, nadie sintiò ni un rasguño, y aun asì estoy acà, hablando contigo, como si fuese un maldito loco, ¿me entiendes?
- Te entiendo, Horacio. Yo tampoco estoy demente, tengo mi cabeza en su lugar, solamente puedo ver cosas que otros no ven.
- ¿De que me estas hablando?, ¿acaso te refieres a eso de ver como el piso se abrìa en dos?, estàs loco ,amigo. Estàs demente, yo no veo esas cosas porque son hechos imposibles, ¿que no lo ves, Esteban? , estamos en una habitacion, mira, toca, piso sòlido, ¿crees que esto se abrira?
- ¡Càllate, yo sè lo que vi!
- Claro
- Por lo menos no soy un asesino.
- ¿Que quieres decir con eso, hijo de puta?
- No me llames asi o terminare pateando tus bolas.
- ¿Asi que ahora, el viejo caballero, usa palabrotas?
- Las uso cuando se me da la gana.
- ¿Que sucede aqui?
- Miren quien llegò al espectàculo, la novia de Esteban, Julieta. Que nombre tan estùpido.
- ¡No te atrevas a insultar a mi novia, imbècil!, Julia, cierra la puerta…no quiero que vean como le rajo la cara a este hocicòn.
- ¡No! , no te atrevas a tocarme, Esteban - Horacio retrocede unos pasos y tropieza con la cama. - ¿Recuerdas que soy asesino?, ¡puedo aniquilarte cuando quiera!, te matarè cuando estès durmiendo, cuando tus ojitos estèn cerrados y pegados con lagaña, viejo de mierda.
- ¿Como lo hiciste con tu familia?, ¡asesino!
- ¡No me digas asi!
- ¡Estàs màs loco que una cabra, no deberias estar aqui, deberias estar en una càrcel!
- ¡Pues no lo estoy, y tendràs que asumir eso! , ¿porque no me dejas solo?, yo estaba aqui disfrutando de mi siesta hasta que llegaste corriendo a la habitacion ,porque viste como tu cama se abria en dos. ¿Porque no vas a la camita de tu novia y fornican hasta morir?
Esteban golpea a Horacio y Julieta lo detiene.
- ¡Dèjalo en paz, Esteban, no vale la pena!
- Pero Julieta, te insultò.
- Lo sè, pero no por eso vas a caer en su juego.
- ¡No estoy jugando a nada, por el amor de Dios! , ¿te crees doctora, ahora?, deberàs hacerte un chequeo entonces, si te lo hicieras todos los dias, quizas se te acabaria la idea de que las palomas quieren comunicarse contigo.
- ¡Es verdad, es verdad! - Julieta sale corriendo de la habitacion y se dirige al baño, Esteban va a socorrerla.
- ¡Eso es, corre!, ¡ve a vomitar!, ¡eso es lo que provoca juntarse tanto con las palomas! - se escuchan ruidos. - Oh, no…son ellos…van a poner en mi brazo sus agujas…¡Agujas!…y esas endemoniadas pastillas. ¡Yo estoy bien!, ¿me escucharon?, no necesito de este mugroso recinto para recuperarme, ¡Ellos tenîan que morir!,
¡ellos!
Se abre la puerta y es Esteban, quien abraza fuertemente a Julieta, a su lado, està el doctor Meneses.
- ¿Otra vez ocacionando problemas, Horacio?
- No, doc. Estabamos con Esteban, discutiendo el porquè estamos aquì, los dos llegamos a la conclusion ,de que nadie deberia estar en este horrible lugar, todos estamos cuerdos, con algunas fallas…¡Estamos cuerdos, mierda!
- No uses improperios
- Lo siento doctor. Como le iba contando, todo se puso mal cuando le dije que èl si estaba loco.
- Te estàs contradiciendo, hace un rato me dijiste que los dos no deberìan estar aqui, y aqui nadie esta “loco”, estàn sufriendo unos transtornos que yo estoy tratando de solucionar. Ahora, pìdele disculpas a Julieta y a Esteban.
- Disculpen.
Julieta y Esteban inclinan la cabeza en señal de aprobacion.
- Sientense, amigos. Les debo hacer una confesiòn.
- ¿Cual doctor?
- No le digan a nadie, este va a ser nuestro secreto.
- No le diremos a nadie.
- Antes de entrar a este lugar como destacado mèdico, era como uno de ustedes, un joven lleno de ambiciones, testarudo, pero con una diferencia, tenia la habilidad de ver personas que otros no ven.
- ¿Ya lo ve?, entonces nosotros no estamos tan locos.
- La diferencia elemental, es que yo me tratè, y no padezco esa enfermedad, lo mismo puede pasar con ustedes, si dejan de tener esas alucinaciones. Imagìnense, Julieta puede llegar a ser una gran abogada, o Esteban un gran escritor, o pintor.
Golpean la puerta.
- ¿Si?
- ¿Puedo pasar?
El enfermero abre la puerta.
- Que bueno que llegaste, estaba teniendo una pequeña charla con los pacientes.
- Aqui no hay nadie.
- ¿Otra vez con lo mismo?
- ¿Otra vez con que?, vamos Meneses, necesitas tus medicamentos de las 12:00 hrs.
***Un cuento de Jorge Ibarra Sepulveda***
***Un cuento de Jorge Ibarra Sepulveda***
Seguí por el mismo camino, habian unas personas que pedían dinero, no les presté atención, malditos mendigos que no consiguen trabajo. Antes era uno de ellos, pero ya me ven, en un jodido trabajo, pero por lo menos tengo uno. Sin educación igual puedes conseguir un trabajo, un maldito trabajo.
En estos momentos soy Leonardo Bastilla, un ingeniero comercial, no sé que mierda hacen, pero soy uno en estos momentos. Entro en la casa de una tal María Bernarda, dice ser mi esposa, debe serlo, es jodidamente horrible, le propongo tener relaciones de inmediato, una voz en mi cabeza dice que haga lo mío, y me arrepiento de la propuesta, de todas formas ella no quería, se sentía mal. Comienza a vomitar. No le queda mucho al parecer.
-Te serviré un poco de café.
Acepto la invitación, pero una voz en mi cabeza dice que la mate luego. Cada vez que habla es como si un jodido gordo me golpeara la cabeza, tengo que matarla, para eso me pagan.
La mujer dice que me ama, una vez que me deja una taza de café en la mesa.
No siento nada por esta mujer, pero aparentemente debería sentirlo, su mirada provoca algo que no debería sentir cuando trabajo.
Mátala.
Mátala.
Me toma unos segundos sacar el revolver, no sé de donde mierda lo traía, pero la voz me dijo donde estaba, mato a la pobre mujer, en seguido dejo el arma y comienzo a volar.
Esta parte es grandiosa, vez como te alejas del cuerpo y vez la reaccion del asesino, quien ve como a la mujer le falta gran parte de la cabeza, fue un buen jodido tiro.
Paso por toda la ciudad, nadie me ve, soy como un puto fantasma, pero sigo vivo.
Una gran sacudida estremece mi cuerpo, ya estoy en casa. Puedo sentirlo, y la voz me felicita. Me da dinero, gran cantidad de dinero. Mierda, es mucho dinero.
Al lado del tipo que me paga, esta un viejo, que está llorando, pero con una sonrisa que me provoca escalofríos.
-Es el esposo de la señora. - me dicen.
-Lo siento mucho.
-No te preocupes, era una maldita perra.
Me largo del edificio. Después Ramón me dice el asesino era el amante de la mujer enferma, el tipo que me pagó era un gran empresario, un gran filántropo. Me importa una mierda.
En mi casa sólo está Sofía, mi mujer, me engaña hace 2 meses, ero no pienso dejarla, ha estado conmigo en los peores momentos y sigue apoyandome, es mi cable a tierra. Toda persona necesita un cable a tierra.
Sofia me engaña con un jodido pendejo de 20 años, el chico trabaja en una ferretería, no le hace daño a nadie, sólo a mí, no pienso matarlo, él hace feliz a Sofía, yo hace tiempo perdí esa habilidad. Una mierda.
-La cena está servida
No acostumbro a hablar durante la cena, pero ella estaba alegre, me contaba que hoy varios de sus alumnos había obtenido una buena nota en el examen de lenguaje, no sé como puede resistir educar a un montón de mocosos que gritan todo el día, pero a ella le encanta enseñar, le encantan los niños, pasa bastante tiempo en su trabajo, quizas porque en casa no hay ningún niño, no he podido darle…esa es otra historia.
Ya es medianoche, y el monologo termina, ella me sonríe con una sonrisa quebrada, yo le respondo igual, no sé como mirarla, se acuesta con otro mientras no estoy, pero me cuenta sus secretos, talvez le importo un poco, en fin, es bueno sentirse querido. Le digo que la amo, ella sonríe y me dice que se va a acostar, que está muy cansada. Suena mi teléfono, es esa maldita voz, hay trabajo que hacer, mi esposa cree que sigo trabajando de chofer privado. Dejé hace tiempo ese oficio, pero sigo conservando mi auto, y de algun modo sigo haciendo lo mismo, cuando me llaman, ahí estoy ayudando a mi jefe.
La voz me informa que soy Angelina Brown, una Psicóloga, una jodida loquera, odio a este tipo de personas, le ensuciaron la mente a Sofía hace algun tiempo, una vez estuve en una sesión, junto a Sofía, se creen muy importantes los desgraciados con esos títulos profesionales mirando como Dios a los pacientes, mirandonos como si fuesemos unas malditas ratas de laboratorio.
No sabía mucho de Angelina, sólo que era una tipa que había abusado sexualmente de un menor, ya la habían juzgado, pero la pena no fue muy severa, la voz me dijo que me concentrara en ella.
Llegué a un hogar de buena familia, me abrió un tipo muy educado, me saludó con una reverencia, al parecer era mi mayordomo. En la casa habia una familia que me reconoció, unos pequeños me abrazaron, no lograba escuchar bien lo que me decían, un tipo me abrazó y me preguntó como me había ido. A la mierda tanta espera, saqué mi revolver de la cartera y dije el diálogo que la voz clavó en mi mente.
-No soy la persona que creen, soy una sucia ramera que violó a un niño de 2 años, no merezco que otra pena que esta.
Los sesos volaron y yo miraba este espectáculo grotesco alejandome a velocidad del recinto, no quise mirar el rostro de los pequeños, no tenían la culpa, pero el esposo estaba desconcertado, me dieron unos fuertes dolores estomacales, pero ya pasará, siempre pasa.
-Felicitaciones, justicia divina.
Vomité. Fue una escena horrible, no pasaba la extraña sensación, Ramón me dijo que comencé a convulsionar por algunos segundos, que estaban un poco asustados, pero que siempre confiaron en mí. Ramón es el interceptor del portal, sin él nada se llevaría a cabo, yo sólo soy el “asesino”, el único responsable de toda esta mierda si se llegase a descubrir, por eso el sueldo es bastante alto, a la mierda si me arrestan, ya he estado preso antes, a lo único que le tengo miedo es a perder a Sofía, sin ella sería una condena a muerte.
Ramón me invitó a un bar cercano a pasar el mal rato. Me dijo que no podía dormir pensando en las atrocidades en las que participaba, el estar en contacto con tanto asesinato lo perturbaba, y no lo juzgo, un tipo con tanta inteligencia tiene mucho más que dar en el mundo. Un tal Fernandez se ocuparía de su cargo, según él, estaba lo bastante capacitado. Ýo no tengo otra opción que este jodido trabajo, no puedo ir a otro lugar, no puedo escapar de este trabajo, ya me lo advirtió la voz, mi alma ha estado tanto tiempo vagando en el mundo que pueden matar a mi querida Sofía si ellos quisieran. Nunca me he rehusado al trabajo, pero me lo advirtieron de todas maneras, lo mismo le dijeron a Ramón, pero según él, tenía una estrecha relación con la voz, una relación de tal magnitud que es casi imposible romper, no podían matarlo.
-Tengo que largarme de aqui, no aguanto más esta mierda.
-Cálmate Ramón, tienes que tranquilizarte antes de tomar una decisión tan importante, sabes que no puedes irte así nada más.
-Créeme, esos tipos se mueren de hambre si yo muero, no saben nada, yo soy el cerebro de todo, yo creé esa monstruosidad, yo.
-No la creaste, ellos crearon ese oficio, tú solo…
-Yo inventé esa mierda, y me está cagando el cerebro, me estoy volviendo paranoico, a veces me vez que estoy bien, que estoy bien, que estoy…mira, estoy interrumpiendo en un proceso que no es de mi incumbencia. Me estoy convirtiendo en un asesino aunque no lo quiera admitir.
-No es cierto Ramón, sabes que no has matado a nadie, soy yo el que…
-Oh, por favor, no me vengas con esa mierda, sabes que soy tan complice de esos asesinatos como tú o como…
En ese momento saca un periódico y en la portada hay un tipo que se me hace familiar.
-Mira, éste eras tú ayer, le voló la cabeza a una mujer de un importante empresario, ayer, tú fuiste complice de este asesinato, yo también , todos fuimos cómplices de este crimen pasional, nadie nos da derecho a tomar justicia por unos pocos pesos.
-Cálmate Ramón, estás hablando muy fuerte, estás asustando a los tipos de este bar.
- No me calmo porque es una situación bastante jodida, bastante jodida!
Se paró abruptamente y se largó del bar. No lo detuve, está pasando por una crisis nerviosa, o algo así lo llaman los loqueros. Abandoné el bar una vez que terminé mi cerveza. Por Dios que me hacía falta una cerveza.
Acababa de volarle la cabeza a un tipo que me rogaba de rodillas que le perdonara un deuda, no me dijeron el nombre de la víctima, me importaba una mierda en todo caso. Desués de la sacudida vi que un hombre le daba las gracias a la voz, una gran luz provocaba que un gran espectáculo de sombras danzaran alrededor de la voz, debió ser un tipo importante. El mismo tipo que le agradecía a medio mundo, me dijo entre lágrimas “eres un buen hombre”, no sabía como reaccionar al respecto, no sé como se siente despues de un hecho así, que provoca que un tipo te diga esas palabras, quiero decir, maté a un tipo y un desconocido me dice que “soy un buen hombre”, que se joda la ética y que los humanistas orinen en la tumba de la paz.
Ramón no estaba en el equipo, pregunté por él, pero nadie dijo nada, y tal como lo había dicho, Fernández estaba a cargo.
Lo llamé a penas salí del trabajo, no había caso, no sabía donde vivía, asi que supuse que se habia dado el día libre, que mañana regresaría. El mañana puede ser eterno. Nunca lo volví a ver.
En mi casa, Sofía estaba un poco agitada, me dijo que habia sido por un día intenso en el colegio. Supuse que hace unos pocos minutos había tenido relaciones con el joven, el de la ferretería, creo que se llama Claudio. No le pregunté nada. En la cena, comencé la conversación para que se tranquilizara.
-Me fue bien en el trabajo, Sofía.
-Me alegra. En estas fechas, hay pocos vehículos en la ciudad, no hay mucho tráfico.
-Así es- seguía sudando como loca, debía tranquilizarla, creo que los loqueros me habían advertido que era depresiva, hijos de puta. - Todo va bien. - quería tranquilizarla, pero no sabía como, no funcionó con Ramón, menos iba a funcionar con Sofía, así que propuse un tema de conversación bastante extraño. - En el diario vi un artículo que trataba sobre asesinos a sueldo¿Que opinas al respecto?
-Ese no es un trabajo, esa gente debería morir por lo que hace.
-¿Matarías a esos tipos si tuvieras la oportunidad?
-Claro que sí, sentiría unas ganas tremendas, lo mismo deberían hacer contra los pedófilos, los que cometen femicidios, homicidios, violaciones, qué se yo…- ya estaba más calmada, sin embargo hablaba con la verdad, podía sentirlo.
-Es decir,¿ los matarías?
-Muchas veces la justicia no hace bien su trabajo, y deben aplicar mano dura a esos desgraciados.- Se levantó y corrió al baño a vomitar.
Eran los nervios, pero no sabía como ayudarla, le decía que todo iba a estar bien, pero no me miraba a los ojos.
Debe ser mi culpa, hace tiempo que no la hago feliz en el plano sexual, y es que llego con una presión en mi mente que difícilmente entendería, además de que no puedo…debo agradecer al cielo de que todavía esté conmigo, aún debe haber parte de su corazón que piensa en mí.
Se quedó dormida al poco tiempo. En su cajón me percaté que no estaba tomando sus pastillas, ya saben, “receta del loquero”. No saben lo triste que me hace ver a Sofía en estas situaciones, la amo, Dios sabe que la amo.
Nos conocimos en mi trabajo, la llevé a un restaurant, se iba a juntar con su novio, me encantó desde el primer día en que la vi, estaba con un pelmazo, no me costó mucho trabajo que se fijara en mí, debe ser mi maldita boca que no para de hablar una vez que sabe cuál es su objetivo.
Llevaba 2 semanas sin dormir bien, Sofía llegaba muy asustada a la casa, le pregunté cuál era el problema, y siempre era la misma respuesta, “niños rebeldes”, creo que es razonable, yo era un dolor de cabeza para los profesores. La entiendo. Sofía seguia empeorando y me vi en la necesidad de ir a la ferretería a saber un poco más sobre “Claudio”, el amante de Sofía, quería saber si el hijo de puta andaba con otra muchacha y esa finalmente era la causa de los nervios de Sofía.
Claudio estaba conversando con el dueño del local, me acerqué lo bastante para oír un poco de la charla, hablaban afortunadamente de Sofía, el tipo decía que ella no andaba bien, y tampoco sabía el motivo. De algún modo me sentí bien al saber que el desgraciado se preocupaba por Sofía y no era solamente “otro agujero en un cinturon”, como dicen por ahí. No sabía cuál era el problema de Sofía, la falta de medicamentos odría ser otra opción, pensé, otra opción, que es la que no quería admitir, es que finalmente habría descubierto en que consistía mi trabajo, asi que esperé hasta la cena para preguntar bien lo que sucedía.
Sofía apareció. Sus manos tiritaban y me miraba como si fuese algo monstruoso.
-Dime que sucede Sofía, no aguanto verte en esas condiciones. Te amo y me preocupo por tí, lo sabes.
-¿No tienes que subir pasajeros a tu taxi? ¿o ya abandonaste el trabajo porque te diste cuenta que tu esposa no está bien? nunca tienes tiempo para mí, nunca.- se encerró en la habitación, no me dejó entrar por más que toqué la puerta.
Jamás la habia visto de ese modo, tenía razón, pasaba poco tiempo en casa, por lo mismo Claudio tenía más tiempo para estar con ella, creo que ahora me necesitaba, no podía dejarla sola. Creo que me necesitaba, y no a Claudio, estaba feliz, porque nunca me había hecho saber que me necesitaba, me estaba sintiendo querido en todo sentido por la mujer que amo, y no estaba dispuesto a perderla, menos ahora, no ahora.
Estaba dispuesto a dejar mi trabajo, al igual que Ramón, llevaría a Sofía fuera del país, lejos de estos hijos de puta, tenía bastante dinero como para vivir lejos, creo que Sofía lo entendería, sentía que ella me necesitaba más que a nada en el mundo, volveríamos a ser la pareja que en el pasado vivía de un intenso amor, volvería la felicidad y saldría de ese estúpido trabajo de mierda.
Pero antes tendría que realizar mi ultimo trabajo, para no levantar sospechas, asi que fui a ver a la voz como en cualquier día, me dijo que hoy era un día para celebrar. Se trataba de matar a un tipo que hace poco habría salido de prisión, había matado a la esposa de un famoso abogado de la ciudad. Fue fácil. Me lancé de un edificio de gran altura, al alejarme del cuerpo vi como todo el publico de una cafetería se acercaba a ver el hecho.
Volví de una sacudida. Vi el rostro de la voz, podría rovocar una pesadilla, era realmente horrible. Me dijo que mi trabajo todavía no terminaba, que había un último cliente, al cual le habrían violado a su hijo, una maldita degenerada. Si algo odiaba era a los malditos violadores, acepté la nueva misión. Estaba en el cuerpo de una mujer, una mujer delgada, de unos 35 años, creo, no la veía muy bien. Estaba en la azotea de un edificio, fué fácil, salté tal y como uno lo hace cuando se uno se lanza a una piscina una vez que crees que sabes nadar. El golpe fue brutal, murió instantáneamente, del edificio salió un joven que horrorizado miraba a la mujer, pude reconocer al joven, era Claudio, ¿que hacía él acá?mientras mi cuerpo se alejaba del lugar del suceso, mi temor cobraba forma, la mujer en el piso era Sofía.
Volví inmediatamente a mi cuerpo, no podía respirar, mientras los aplausos por la nueva misión cumplida se hacían más fuertes, no me dejaban tranquilo, no podía respirar y el estómago se movía rápidamente, sentí que alguien se me acercó al oído, y me dijo:
-Eres un buen hombre.
***Un cuento de Jorge Ibarra - Una maldita improvisación***